viernes, 7 de octubre de 2011

La lluvia es un motivo visual que vuelve todo más intenso





En alguna realidad paralela, hoy salí de mi casa, como toda mañana de lluvia, pisando charcos con mis botas floreadas y observando el tránsito y el andar de lo que me rodea acrecentar la velocidad de sus movimientos (algunos creen que se mojan menos por ir más rápido). Yo caminé lento, en el mismo ritual, cruzando en las mismas esquinas, saludando a la misma plaza, mirándome en el mismo gran espejo de Canal 9. Justamente en esas calles archiconocidas, entre la cortina de agua y el filo de mi paraguas, apareció esa cara familiar y a la vez extraña. Esa imagen del amor, nebulosa, excitante. Manda a buscar a tu no buscar y estos serán los resultados, pensé. Me dió la mano y me invitó a dormir la siesta. Yo acepté y me fui, porque no hay cosa mejor que esa complicidad ancestral que no necesita de las palabras.

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